OBJETIVOS
EDUCATIVOS Y DESARROLLO DE CAPACIDADES
Los objetivos educativos se formulan
en términos de capacidades; entendiendo por capacidad el potencial o la aptitud
que posee una persona para llegar a la adquisición de nuevos conocimientos y
habilidades, es decir, las posibilidades que cada ser humano tiene, que puede
desarrollar y que le van a permitir realizar, de forma permanente y por sí
solo, aprendizajes nuevos.
En
consecuencia, un sistema educativo que opta, en el planteamiento de sus
objetivos, por un desarrollo de las capacidades está proponiendo la
construcción de un aprendizaje significativo; un aprendizaje que parte siempre
del nivel de desarrollo del alumno, que modifica, recrea y enriquece, de forma
activa y progresiva, su estructura cognitiva, y que se marca como meta
prioritaria el que dicho alumno sea capaz de aprender a aprender, es decir, el
facultarle para realizar permanentemente nuevos aprendizajes significativos por
sí solo.
Coherentemente con el fin esencial de la educación
escolar , definido como «el pleno desarrollo de la personalidad del alumno»
(educación integral), los objetivos hacen hincapié en el desarrollo de todas
las capacidades básicas que intervienen en esa visión integral del desarrollo
humano en el que la escuela se sitúa.
Estas
capacidades podrían clasificarse, como mínimo, en cinco grandes grupos:
- Capacidades
referidas al desarrollo cognitivo o intelectual.
- Capacidades
referidas al desarrollo corporal y al campo de la salud.
- Capacidades
referidas al desarrollo del equilibrio personal o afectivo.
- Capacidades
referidas al desarrollo de la actuación, de la relación y de la
integración social.
- Capacidades
referidas al desarrollo moral o ético.
Éstas son las capacidades que hay que cultivar en la
escuela y éstos son, en consecuencia, los objetivos educativos sobre los que se
ha de fundamentar el trabajo de todos los profesores y profesoras, en todas las
Áreas, dentro de la Educación Infantil, Primaria y Secundaria Obligatoria.
En cada uno de los objetivos
las capacidades se presentan de forma interrelacionada, tal como ocurre en el
comportamiento habitual de las personas, en el que las capacidades no se
ejercitan de forma aislada, sino apoyadas unas en otras.
Desde los O hasta los 16 años,
siempre estaremos trabajando, básicamente, los mismos objetivos, es decir, las
mismas capacidades; lo que ocurre es que en cada etapa se adaptarán al
desarrollo evolutivo de los alumnos.
Al tratarse de capacidades, los
objetivos generales no son directa ni unívocamente evaluables. El profesor
deberá concretar qué aprendizajes espera como manifestación de estas
competencias. Estas conductas serán distintas entre alumnos, e incluso un mismo
alumno mostrará una misma capacidad en distintos comportamientos. Sin embargo,
habrá que volver a los objetivos en el momento final de la evaluación para
analizar el avance global que el alumno haya manifestado en las capacidades.
En la LOCE se nos
presenta una jerarquización de los objetivos distribuida en los siguientes
elementos:
a) Principios de calidad o fines educativos. Son 12 principios de
carácter más general que vienen a señalar las expectativas previstas por el
Sistema como resultado final obtenido a lo largo de todo el proceso educativo.
b) Los
objetivos generales de Etapa. En la ESO se plantean 13 objetivos generales
en términos de capacidades. Estos indican el nivel en el cual se espera que el
alumno haya adquirido la capacidad al final del período educativo
correspondiente, lo cual, evidentemente, no quiere decir que no sean útiles para
el resto de la Etapa.
c) Los
objetivos generales de Asignatura. Al igual que los de la Etapa, se
expresan en términos de capacidades, pero añaden una referencia explícita a los
contenidos como conjunto de saberes que configuran las Asignaturas. Son 7 para
Ciencias de la Naturaleza, 9 para Biología y Geología, y 9 para Física y
Química (LOCE).
d) Los
criterios de evaluación u objetivos didácticos. Precisan para cada
asignatura y curso el tipo y grado de aprendizaje que los alumnos y alumnas
deben realizar para ir adquiriendo progresivamente las capacidades estipuladas
por los objetivos generales.
OBJETIVOS
DIDÁCTICOS
Los
objetivos constituyen una guía inmediata para
la planificación del aprendizaje y
han de formularse explícitamente. A
través de los objetivos se definen las intenciones educativas con respecto a los alumnos. Al mismo tiempo, proporcionan criterios de
valoración del proceso y de los resultados.
Los objetivos son el referente indispensable para la evaluación del
grado de los diferentes tipos de capacidades adquiridos por los alumnos. Dependiendo del tipo de programación, tendremos que concretar más (de aula) o menos (didáctica) los objetivos, respectivamente. Según el grado
de concreción se suele hablar de objetivos generales para
la Programación Didáctica y de objetivos específicos o didácticos para una
programación de las unidades didácticas.
El mayor grado de concreción lo constituyen los objetivos operativos en los que se requiere explicitar los comportamientos observables
esperados, el contenido, las condiciones en que se
desarrolla el aprendizaje y el criterio de evaluación.
La formulación o diseño de los objetivos debe adaptarse a la realidad de
los alumnos, al proceso de instrucción y a los resultados que se esperan
obtener. Los objetivos se suelen redactar
con el verbo en infinitivo, aunque este aspecto no tiene una gran
trascendencia.
Ejemplos de objetivos serian los siguientes:
- Para el ámbito conceptual: comprender, entender,
reflexionar, relacionar, identificar,
reconocer, definir, explicar...
- Para el ámbito procedimental: aplicar, dibujar construir, experimentar, diseñar, elaborar, transportar, cavar, enseñar,
localizar...
- Para el ámbito actitudinal: aceptar, tolerar, responsabilizarse, apreciar, valorar, colaborar, cooperar...
En conclusión: los objetivos señalan las capacidades que esperamos que
desarrollen los alumnos como
consecuencia del proceso de enseñanza-aprendizaje y cumplen dos funciones básicas:
- Servir de guía al proceso.
- Proporcionar criterios para su control.
EL ESFUERZO Y
LA RESPONSABILIDAD EN EL TRABAJO.
Una de las novedades de
la LOCE es la de subrayar la importancia del esfuerzo (cultura del esfuerzo) y
la responsabilidad para la consecución de los aprendizajes. En diversos
apartados de la citada Ley aparecen el esfuerzo y la responsabilidad como
aspectos relevantes. Así, en la Exposición de Motivos los valores del esfuerzo
y de la exigencia personal se contemplan como el primero de los cinco ejes
fundamentales que reflejan los principios de concepción de la Ley, a la vez que
se los relaciona con el segundo eje que trata de los resultados.
«Este
nuevo impulso reformador que la Ley promueve se sustenta, también, en la
convicción de que los valores del esfuerzo y de la exigencia personal
constituyen condiciones básicas para la mejora de la calidad del sistema
educativo, valores cuyos perfiles se han ido desdibujando a la vez que se
debilitaban los conceptos del deber, de la disciplina y del respeto al
profesor.
En
cuanto a
los valores, es evidente que la institución escolar se ve considerablemente
beneficiada cuando se apoya en un consenso social, realmente vivido, acerca
ciertas normas y comportamientos de las personas que, además de ser
valiosos en sí mismos, contribuyen al buen funcionamiento de los centros
educativos y favorecen su rendimiento. Pero, sin ignorar el considerable
beneficio que, en lo concerniente a la transmisión de valores,
aporta a la escuela el apoyo del medio social, el sistema educativo ha tenido,
tiene y tendrá sus propias responsabilidades, de las que no puede ni debe hacer
dejación. En este sentido, la cultura del esfuerzo es una garantía de progreso
personal, porque sin esfuerzo no hay aprendizaje. Por eso, que los adolescentes
forjen su futuro en un sistema educativo que sitúa en un lugar secundario esa
realidad, significa sumergirles en un espejismo que comporta, en el medio
plazo, un elevado coste personal, económico y social difícil de soportar tanto
en el plano individual como en el colectivo.
Es
precisamente un clima que no reconoce el valor del esfuerzo el que
resulta más perjudicial para los grupos sociales menos favorecidos. En
cambio, en un clima escolar ordenado, afectuoso pero exigente, y que
goza, a la vez, tanto del esfuerzo por parte de los alumnos como de la transmisión
de expectativas positivas por parte del maestro, la institución escolar es
capaz de compensar las diferencias asociadas a los factores de origen social.
El
segundo eje de medidas de la Ley consiste en orientar más abiertamente
el sistema educativo hacia los resultados, pues la consolidación de la cultura
del esfuerzo y la mejora de la calidad están vinculadas a la
intensificación de los procesos de evaluación de los alumnos, de los
profesores, de los centros y del sistema en su conjunto, de modo que unos y
otros puedan orientar convenientemente los procesos de mejora.»
En
este sentido, entre los Principios de Calidad (art. 1) se establece:
«f)
La consideración de la responsabilidad y del esfuerzo como elementos
esenciales del proceso educativo.»
Por otra
parte entre las capacidades a desarrollar en Educación Primaria (art. 15) se
establece:
«a) Desarrollar hábitos de esfuerzo y responsabilidad en
el estudio y actitudes de curiosidad e interés por el aprendizaje, con las que
descubrir la satisfacción de la tarea bien hecha».
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